Narciso Bassols

N_Bassols
Hablar de Narciso Bassols obliga a recordar lo que vivimos:
Los viejos problemas nacionales de ayer
son los grandes problemas nacionales de hoy,
fundamentalmente, el educativo y el laboral.

El distinguido Bassols, que nació el 22 de octubre de 1897 en Tenango del Valle, una pequeña población del Estado de México, como dijo Silva Herzog allá por 1964 cuando se homenajeo con la publicación de Narciso Bassols Obras, es un hombre de forja local y pensamiento universal.

Cuando se gradúa de abogado inmediatamente forma parte de la planta docente de la Escuela Nacional de Jurisprudencia y destaca inmediatamente, también, tanto como en la abogacía. Sin embargo, como parte de la generación que se sabe hombre de su tiempo y de su sociedad para el bien de todos, impetuoso y consciente del urgente cambio busca la acción para cumplir la transición, promesa de la Revolución.

En sus múltiples facetas se le puede leer como el polemista de los problemas sociales, el gran orador por el profundo sentido social de lo que plantea, el gran analista del sistema jurídico, el enérgico diplomático que protesta ante el desigual trato de los poderosos contra los pobres o el hombre público que alertó y propuso la solución a los grandes problemas nacionales.

En el ámbito educativo, donde hoy quiero detenerme un poco, fue un hombre que vio en la docencia el lugar que hace girar la mira de quien se educa a un futuro provisorio cuando se prepara y forma a conciencia, y logra desde el ejercicio profesional atender y entender los procesos sociales y sus actores.

También, consideraba a la escuela como un espacio para despertar la conciencia popular y favorecer la movilización de las comunidades en favor de reformas estructurales. La Revolución seguía en pie y era desde el eje rector del Estado que debían darse los cambios. Estos cambios, por medio de la educación de los campesinos y de los obreros, ambos debían participar al ser incorporados al proyecto nacional de corte modernizador.

Como secretario de Educación, 1931-1933, Narciso Bassols, puso en marcha sus ideas e introdujo en los programas educativos nociones provenientes de la biología social y de la eugenesia, que destacaban la necesidad de incrementar las energías humanas mediante acciones encaminadas a mejorar la salud espiritual y física de los mexicanos. Este proyecto agregó, a los contenidos de la escuela de la acción, el principio de trabajo social, que enfatizaba la necesidad de promover campañas de higiene, inoculación y combate al alcoholismo, así como la de celebrar competencias deportivas y eventos culturales de tipo secular.

Con la capacitación del campesino y el obrero esperaba aumentar la productividad en el trabajo, simultáneamente, buscaba emprender reformas para el beneficio de las mayorías y la defensa de los intereses nacionales.

¿Quién no ve en esto las políticas educativas implementadas durante el sexenio cardenista? ¿Quién no ve en este proyecto la génesis de las normales rurales que buscaron transformar por medio de la educación la realidad social de los campesinos?

Bassols en medio de la crisis mundial, padecida a fines de los 20 y durante los 30 del siglo veinte, incitó a diversos sectores de la población a buscar modelos alternativos de progreso social y adecuarlos a la realidad mexicana. Esta búsqueda transformó la vida de miles de personas a lo largo del siglo XX y que hoy día siguen teniendo en esas reminiscencias, las normales rurales, su única alternativa de cambio social.

Este modelo educativo va a formalizarse con el nombre de educación socialista; pero, sus detractores la pusieron en tela de juicio: cuestionaron la legitimidad de los principios que la orientaron. Una clase política altamente conservadora, un clero acallado pero beligerante por medio de la Asociación Nacional de Padres y una carente articulación del proyecto nacional de educación que lo conectara con las bases sociales echaron por tierra una alternativa de cambio social acorde a la realidad nacional.

Hoy como ayer México todo sigue padeciendo grandes problemas nacionales como la educación y hoy como ayer seguimos necesitando a prohombres como Narciso Bassols: fieles a sus ideales, enérgicos en su aplicación y nacionalistas de corazón.

¡Viva Narciso Bassols!

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