“Comida de los campamentos” 2011

Tenango de Arista,
Tenango del Valle, Méx.,
17 de septiembre de 2011.

Un fin de semana normal, aparentemente. El sol a mediodía fue candente en los pocos ratos que se dejó ver: nubes ralas y bruma en el horizonte lo disminuían. El sabor a patria se prolongaba entre los transeúntes distraídos y los menos de cien absortos en las carreras infantiles, ambientados con los monótonos sonidos de trompetas tricolores –pocas, muy pocas–, y muchas porras desgañitadas: ¡ya llegaste!, ¡tú puedes!, ¡ganaste!, ¡ganaste! Los gritadores se arremolinaban y cerraban el paso a los pequeños atletas en una valla que disminuía hasta convertirse en estrecho camino para llegar a la meta. Los portales del mercado testigos de los veloces y minúsculos pasos de chiquitines que corrieron menos de cuatrocientos metros a lo largo de la calle Hidalgo (de Abel C. Salazar hasta llegar a Constitución) eran sombra y refugio de trabajadores del ayuntamiento, mirones y de puestos de antojitos mexicanos.

Después de las carreras infantiles el personal del ayuntamiento se reunió frente a la presidencia municipal, encabezados por la autoridad municipal y acompañados por la banda de guerra de la Escuela Primaria Benito Juárez, para iniciar la caminata. Poco antes de unirse al contingente la banda de viento amenizó la mañana con temas populares desde el kiosco, su sonoridad inundaba el jardín y hacía recordar tiempos idos cuando los fines de semana se escuchaba, invariablemente, un ambiente festivo.

Al redoble de tambores se inició la marcha por la calle Hidalgo, hacia el poniente, rumbo a la Zona Arqueológica de Teotenango. La bandera mexicana ondeaba con aspiraciones de aires de libertad, erguida y orgullosa. ¡Así me gusta ver al símbolo patrio que resume historia y presume esperanzas de grandeza, pero era solo eso: aspiraciones y esperanzas! No obstante, al toque de tambores y la suma de tradición, sobre la calle Progreso, los vecinos divisaban desde la calle lejana, desde sus puertas y ventanas el paso de los servidores públicos que a nombre de la patria y de la tradición republicana flanqueaban y resguardaban el bello símbolo tricolor.

A esas horas, la una de la tarde, en realidad mediodía, el sol entusiasta brilló más y dejó caer a plomo sus rayos. ¡Con el peso de los rayos solares y el obligado andar quién sabe qué tanto se viva y disfrute el espíritu republicano! Lo cierto es que el contingente avanzó sobre la calle de Román Piña Chan hasta la entrada del Museo; posteriormente, emprendió la subida a las pirámides a paso lento y, en muchos casos, reforzado. Fue necesario un descanso casi a mitad del trayecto. Un último esfuerzo y llegaron a la explanada donde se ubica el obelisco conmemorativo a Rayón.

En esa plaza se encuentra el monolito del jaguar, fiel testigo de la majestuosidad de la fortaleza que representa este espacio arqueológico; casi a un costado del obelisco se improvisó el proscenio que daba cuenta, en letras blancas y fondo rojo, del CXCIX aniversario de la batalla de Ignacio López Rayón. Lo ilustraba una escena, de 4 por 3 metros cuadrados, de alguna batalla del siglo XIX. Al frente, sillas que fueron ocupadas por los integrantes del cabildo. Apenas respiraron las autoridades municipales y en tanto la gente seguía llegando dio inicio la ceremonia cívica. Después de rendir los honores a los símbolos patrios el orador dio cuenta de su discurso histórico donde rememoró los hechos políticos e ideológicos que dieron pauta al inicio de la gesta libertaria, no dejando de loar a los hombres y mujeres que con sus acciones y su vida emprendieron la aventura de forjar una nación. Con vehemencia exhortó a mirar esos hombres para replantear el presente, con ímpetu incitó a honrarlos y no permitir que se siga desarticulando lo poco que queda de país, con urgencia debemos detener a los que destruyen a nuestra nación, dijo.

Debemos recordar que Ignacio López Rayón luchó para dar libertad, igualdad e independencia a México; que durante el año de 1812, se hizo fuerte en las partes altas del cerro del Tetépetl, que por su accidentada geografía sirvió de defensa natural contra los soldados monárquicos. Aquí, en las pirámides, fue un  ampamento de soldados valientes y decididos a no continuar con un régimen monárquico, con un rey al que no conocían, pagando tributos e impuestos que en poco les beneficiaba.  Ignacio López Rayón, originario de Tlalpujahua, ahora Michoacán, se incorporó a la lucha libertaria de Hidalgo, quien lo nombró su Secretario, acción que demuestra la capacidad intelectual de Rayón.

La primer lucha que se libró en estos lugares tenanguenses, entre insurgentes y realistas, data del 22 de septiembre de 1811. La segunda batalla fue del 10 al 19 de octubre de 1811. El triunfó que alcanzó José María Oviedo y sus tropas, y la muerte de los que ofrendaron su vida por la libertad, constituye parte de la serie de los hechos que el Congreso del Estado tomó en consideración para conceder a la Villa de Tenango, el título de Heroica.

El tercer hecho de armas que tuvo lugar en el Tetépetl ocurrió el 28 y 29 de diciembre de 1811, cuando los insurgentes huyeron en desbandada por las acciones de los realistas. Y es en abril de 1812, cuando Ignacio López Rayón, después de haber dejado Sultepec combate durante mayo y junio las tropas realistas al mando del comandante Porlier. La capacidad estratégica de Rayón, habilidad nata y fortalecida en el ideal de una nación americana libre, le permitió sitiar y casi tomar la ciudad de Toluca. Su presencia en el valle de Toluca fue estratégica para que Porlier no llevara sus tropas a Cuautla y, junto a Calleja, lograran derrotar al sitiado general José María Morelos y Pavón. Sin embargo, tuvo que replegarse a Tenango y fortificarse en el cerro del Tetépetl.

Desde el inicio del movimiento armado y para 1812, el ánimo libertario se había expandido a los jóvenes ilustrados quienes se unieron a los insurgentes con vehemente convicción de un cambio a favor de la Nueva España. A la llegada de Rayón a Tenango estaban en las filas insurgentes jóvenes abogados que habían venido de México para luchar a favor de la independencia. Fue en los primeros días de junio de 1812 cuando Rayón y sus tropas, acompañados de nuevos insurgentes hicieron del Tetépetl sus trincheras para repeler al Ejército realista.

Nuestros abuelos y sus padres, para conmemorar tales acontecimientos se congregaron con sus familias a comer en “los campamentos”, todos los 17 de septiembre –tenemos noticias orales que desde inicios del siglo XX ya era toda una tradición; autoridades municipales y trabajadores del ayuntamiento, quienes se unieron a los festejos conmemorativos reciben animosamente a todos los asistentes.

Para esos momentos en que se desarrolló la ceremonia cívica, en el centro de Tenango, frente a la Presidencia Municipal, arrancaba la carrera atlética de 10 kilómetros, en las ramas femenil y varonil; ésta en dos categorías: libre y master. Corrieron por las calles de la cabecera municipal hasta ajustar nueve de diez kilómetros y cerrar el último con la subida al cerro del Tetépetl. La participación no fue copiosa y los atletas tenanguenses tampoco fueron muchos. Ya parece tradición que sean los kenianos, hombres y mujeres, quienes se lleven los primero lugares; y esa participación, parece, es la que desalienta a los atletas locales. Sin embargo, es alentador saber que esta carrera tiene ya presencia regional y aquí se dan cita corredores de municipios vecinos del valle de Toluca.

En tanto la carrera atlética se desarrollaba los trabajadores del ayuntamiento se encarrilaban para ofrecer los alimentos que año con año la autoridad municipal ofrece a los vecinos y visitantes tenanguenses.

Es pertinente recordar que durante varias décadas las autoridades auxiliares, los delegados de cada pueblo, se encargaron de compartir con todos los visitantes y vecinos los productos que cosechan en sus tierras. Ahora es el gobierno municipal quien cada año ofrece la comida a los tenanguenses.

Los paladares ansiosos se deleitan con deliciosas carnitas de cerdo. Su aroma hipnotiza y hace permanecer por largas filas a quienes desean probarlas. Bajo una enorme lona de alrededor de cien metros el ejército de trabajadores del ayuntamiento está parapetado a lo largo de cincuenta metros de mesa donde se sirven los alimentos. La experiencia de los años pasados han llevado a sistematizar el procedimiento de brindar la comida. Los comensales inician su recorrido de cien metros recibiendo plato y cuchara; a partir de ahí sus manos van extendidas sosteniendo fuerte y gustosamente sus platos. La maquinaria está aceitada y todos los trabajadores empiezan a moverse para servir los alimentos.

El primer cucharazo que recibe el comensal es de arroz, avanza y le agregan salsa, es verde o roja según haya; le piden que no se detenga porque adelante hay más, enseguida le colocan habas hervidas, tiernas y frescas, otra cucharada y aparecen los deliciosos esquites de cacahuazintle: su aroma de cebolla frita con picante hace salivar. Exquisita guarnición producto de estas tierras. Nuevamente las voces alegres, enérgicas y orientadoras piden que avancen porque adelante viene el plato fuerte: las carnitas de cerdo. En esta ocasión se convidaron alrededor de diez puercos, todos en carnitas, todas para todos. Eran seis los despachadores, parecía concierto de percusiones y su acompañamiento coral: avancen, avancen, adelante les ofrecen tortillas. El platillo fue una loa a la fertilidad de esta tierra y a la generosidad de su gente. Para finalizar la carrera de los cien metros de manos ocupadas, boca salivante y ánimo exaltado por tanta comida, los comensales eran premiados con un vaso de refresco.

Durante casi dos horas los trabajadores del ayuntamiento estuvieron en acción atendiendo a alrededor de dos mil comensales (el cálculo es mesurado tanto como generoso: si un puerco en carnitas es para doscientas personas –que siempre hay para más– y fueron diez los que se prepararon imagina estimado lector el tamaño de la comilona) y no se detuvieron hasta que uno a uno los platillos fueron agotándose. Y para que la fiesta patria de la “comida de los campamentos” fuese animada siempre estuvo acompañada por la banda de viento, así como un digestivo fuerte, patrio y confortante: el tequila, bebida compartida por los integrantes del cabildo.

Arriba, en los otros complejos de la Zona Arqueológica, los vecinos tenanguenses desde hora temprana habían instalado manteados y casas de campaña. Las familias enteras con sus adultos, jóvenes y niños estaban al vaivén de las pelotas, el ajetreo del encendido de los anafres, el correr para no ser atrapados, juego básico pero divertido. El color de la fiesta patria se acentuaba con el verdor del pasto. La tarde espléndida coronada con un sol cordial suavizó las nubes, ¡hasta desaparecieron! y todo fue calor de festejo.

7 Respuestas a ““Comida de los campamentos” 2011

  1. Felicidades Federico, me gustó tu crónica, pero no seas tendencioso

  2. Agradezco las letras y más si se puntualiza lo “tendencioso”.

  3. María del Pilar Reyes ESpinosa

    Estimado Federico, felicidades por tu esfuerzo, integrar la crónica es una gran responsabilidad. Me consta tu empeño, un abrazo!

  4. Pingback: Tenango del Valle… y Otras Cosas » Comida de los Campamentos

  5. ahi les encargo el olor a puerco de una camada ke se ceba en el traspatio del xoly. espero no aumente en eooca de estiaje asi como las enfermedades gastrointestinales. pasen este jueves y domingo a comprobar ke rica combinacion el olor a puerco con el olor a pescado

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